Existen circunstancias en las que la canalización de una vía venosa, normalmente un acto rutinario para el personal de enfermería de cualquier hospital, puede suponer todo un reto. Hablamos de los pacientes geriátricos o con problemas vasculares, así como los pacientes que ingresan con politraumatismos.

Los pacientes geriátricos presentan con frecuencia alteraciones en la flexibilidad de las venas, debido a circunstancias clínicas como la ateroesclerosis y otras alteraciones propias de la edad avanzada. Además, muchos de ellos presentan algún tipo de patología que requiere el uso de anticoagulantes.

En estos casos, la canalización de una vía venosa periférica puede ser complicada debido a la fragilidad de las paredes venosas, que han perdido flexibilidad y se rompen con más facilidad. Además, el riesgo de aparición de flebitis es significativamente mayor en este tipo de pacientes.

El personal de enfermería debe extremar la precaución, tanto a la hora de la inserción del catéter como en la comprobación periódica de que no existen síntomas de flebitis o extravasación que pueden redundar en mayores complicaciones.

Precauciones especiales en la canalización de vías venosas en pacientes geriátricos

  • Valorar el estado físico y mental del paciente, ya que puede ser necesario inmovilizar la extremidad en la que se inserta el catéter.
  • Evitar venas varicosas, trombosadas o utilizadas previamente.
  • Elegir, si es posible, una vena que no esté en una zona de flexión, lo que aumentará el confort del paciente y disminuirá el riesgo de rotura.
  • Utilizar el catéter del menor calibre posible, siempre que sea adecuado a la medicación que se va a administrar.
  • Extremar la precaución en pacientes sometidos a tratamiento anticoagulante, tanto en la inserción como en la retirada del mismo, especialmente si se utilizan calibres gruesos.
  • Fijar el catéter con un apósito transparente que permita la inspección ocular frecuente del punto de inserción.
  • Prestar especial atención a cualquier síntoma como enrojecimiento, dolor, edema, induración de la vena o hematomas, en cuyo caso el catéter debe ser retirado.

Hay que tener en cuenta que los pacientes geriátricos suelen ser más propensos a sufrir infecciones debido al deterioro natural de su sistema inmunológico. Extremar las medidas de higiene y desinfección y vigilar cualquier síntoma de una posible flebitis es crucial en estos casos.

En algunas ocasiones la canalización de una vía venosa periférica puede ser especialmente compleja, lo que nos obligará a recurrir a otro tipo de alternativas, como vías centrales.

En el tratamiento de la deshidratación moderada, que se presenta con relativa frecuencia en pacientes geriátricos, la literatura médica presenta como alternativa válida el uso de una vía subcutánea (Rosanna de la Rosa, E. y Zamora Monge, G. Ágora de Enfermería, vol 19, nº 1, 2015) Esta vía, técnicamente más sencilla y con menos inconvenientes para el paciente, puede ser efectiva para la rehidratación.

En cualquier caso, el personal de enfermería debe hacer uso de todo su entrenamiento y experiencia para afrontar casos complejos como los que pueden presentarse con un paciente geriátrico.